<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-2244383159402765092</id><updated>2011-11-20T03:44:47.856-03:00</updated><category term='Carta a El Mercurio'/><category term='RESEÑA'/><category term='Actualidad'/><category term='Artículo'/><title type='text'>Blog personal de Erwin Robertson</title><subtitle type='html'>Nota preliminar 





He aquí reunidos textos de diversos tiempos y lugares, más personales que aquellos del oficio académico, referidos a Grecia y Roma, y que suelen encontrar cabida en algunas publicaciones especializadas, o que aquellos que corresponden a la revista Ciudad de los Césares. Lo que no excluye que los textos que aquí se encuentren puedan tener también carácter "académico" o "político". Pertenecen, en todo caso, a la biografía del autor.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://erwinrobertson.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2244383159402765092/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erwinrobertson.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Erwin Robertson</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04050929384875287404</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>8</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2244383159402765092.post-4799550804081271891</id><published>2011-10-02T15:50:00.005-03:00</published><updated>2011-10-02T16:58:56.357-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='RESEÑA'/><title type='text'>El "Alexander" de O. Stone</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;Paul Cartledge &amp;amp; Fiona Rose Greenland (editores):&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Responses to Oliver Stone’s &lt;/em&gt;Alexander&lt;em&gt;. Film,&lt;br /&gt;History, and Cultural Studies.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;The University of Wisconsin Press,&lt;br /&gt;Madison, 2010, 370 pp.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;L&lt;/strong&gt;os&lt;/span&gt; clasicistas tal vez lo deploren; mas el hecho es que el conocimiento que la gran mayoría de los contemporáneos tiene del mundo clásico proviene del cine. Asimismo el cine es la gran fuente de los mitos de nuestros días; si se trata de mitos “auténticos”, en el sentido de Walter Otto, o no, es otra cosa. No debería extrañarnos, pues, que una figura como la de Alejandro Magno, protagonista del mito y de la historia a través de los siglos, sea recreada por el cine; ni que se trate ahora del discutido &lt;em&gt;Alexander&lt;/em&gt; de Oliver Stone (2004), que seguramente marcará época en este dominio. Por lo mismo, los especialistas del mundo clásico tienen el derecho y el deber de decir algo sobre esta película.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Así lo hacen los autores congregados por Cartledge y Greenland en &lt;em&gt;Responses&lt;/em&gt;: historiadores, arqueólogos o especialistas en distintos aspectos de la cultura clásica; algunos de ellos con una orientación especial hacia los estudios de cine, o con experiencia en la asesoría histórica de obras de cine y televisión y, desde luego, en la misma cinta de&lt;br /&gt;Stone. Incluso el principal asesor del cineasta, Robin Lane Fox, autor de un notable &lt;em&gt;Alexander the Great&lt;/em&gt; (1973), pudo representar a un comandante de caballería en las batallas de la película (el sueño de un historiador, de alguna manera). Mas si estos autores “responden” en cierto sentido a la obra fílmica de Stone, no pretenden “corregirla”, como a una obra y a un género que –como era de esperar- se toman sus libertades con la historia. Por el contrario, la mayoría de los colaboradores de &lt;em&gt;Responses&lt;/em&gt; trata con deferencia al &lt;em&gt;outsider &lt;/em&gt;que ha invadido su terreno: Clío no sabría ser altanera ante su exitosa hermana&lt;br /&gt;menor. Otros aspectos pueden interesar además a estos colaboradores: porqué Alexander no fue el éxito de taquilla que se esperaba; o si tales o cuales rasgos de la cinta se ajustan a lo que el público espera de un film “épico”, o si fue convincente la interpretación de los actores principales (Colin Farrell y Angelina Jolie). Por cierto, en la revista que sigue nos ocuparán más bien los comentarios históricos a la cinta en cuestión.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;El principal problema en la interpretación histórica de Alejandro reside en que las fuentes con que contamos fueron escritas tres o más siglos después de su muerte. El historiador nunca está plenamente seguro cuando separa una tradición auténtica de una anécdota apócrifa –que refleja lo que épocas posteriores pensaban acerca del rey. Otras cuestiones tienen que ver con el presente de cada interpretación; así con las que suscita el film comentado. Entre ellas, en primer lugar, la cuestión de la sexualidad de Alejandro. Sin duda, un síntoma de nuestra época. Otra, la de la etnicidad, que remite a la moderna cuestión entre griegos y macedonios eslavos. Y, ¿fue Alejandro un imperialista occidental, al estilo de George W. Bush (más de una vez recordado en este libro), o fue un soñador en la unidad de la humanidad, globalizador &lt;em&gt;avant la lettre&lt;/em&gt;? Veamos con más detalle qué dicen nuestros autores.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;En “&lt;em&gt;Alexander&lt;/em&gt; and Ancient Greek Sexuality. Some Theoretical Considerations”, Marilyn B. Skinner aborda un tema que resulta central en la interpretación de Stone. Primero, nos recuerda que, en la época clásica griega, y específicamente en Atenas, la relación sexual era una cuestión jerárquica. El ciudadano varón era (o debía ser) siempre “activo” y físicamente “inviolable” (o mejor, “impenetrable”): la “pasividad” era característica de un status inferior, el caso de mujeres, niños y esclavos. La prostitución masculina era infamante (por lo menos –tratándose de ciudadanos-, inhabilitante para el ejercicio de cargos cívicos) y el afeminado (&lt;em&gt;kinaidos&lt;/em&gt;) era objeto de desprecio o burla. La &lt;em&gt;paiderastía&lt;/em&gt;, si bien tenía un componente sexual, estaba en cierto modo ritualizada y era en la práctica –dice Skinner- una relación de clase (entre pares aristócratas; no tan bien vista entre el común del &lt;em&gt;dêmos&lt;/em&gt;). En&lt;br /&gt;cualquier caso, el joven &lt;em&gt;erómenos&lt;/em&gt;, llegado a la mayoría de edad, estaba obligado a comportarse como ciudadano, casándose con mujer ciudadana y engendrando hijos ciudadanos (y, eventualmente, siendo el&lt;br /&gt;&lt;em&gt;erastés&lt;/em&gt; de otros jóvenes). En este contexto, el lejano mundo homérico proporcionaba un modelo de relación pederástica, la de Aquiles y Patroclo en la Ilíada. Pero, aparte de que ambos son específicamente heterosexuales en el poema (cosa que la autora olvida mencionar), los roles respectivos no resultaban claros a los intérpretes en la época clásica (¿cuál de los dos era el &lt;em&gt;erastés&lt;/em&gt;?). Esa incertidumbre, observa Skinner, indica que los griegos de esa época “were imposing a pattern familiar to them upon a text ignorant of it”. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Pues bien, si Stone ve la relación entre Alejandro y Hefestión como un vínculo homosexual “moderno”, la misma no se ajusta al modelo pederástico griego (principalmente, porque las partes eran de una misma edad). Pero tampoco hay algún biógrafo antiguo de Alejandro que sugiera que entre ambos hubiera una relación “amorosa”. En cambio, algunos de esos biógrafos hablan abiertamente de su relación con el eunuco Bagoas. En este caso (“whether the story is historically true or not”, dice Skinner), lo que se quiere pintar es el estereotipo de un tirano dominado por sus pasiones. Digamos que el punto no era el sexo, sino la licencia en que incurren los tiranos y la influencia que permiten a los “inferiores”. Por el contrario, todas esas fuentes concuerdan en que, en general, Alejandro era autocontrolado con respecto a sus apetitos y pasiones, especialmente en relación con el sexo. Ello es, concluye la autora, para un público contemporáneo, el aspecto más difícil de entender de la sexualidad del rey de Macedonia.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Un tema relacionado al anterior es el de Elizabeth D. Carney: “Olympias&lt;br /&gt;and Oliver. Sex, Sexual Stereotyping, and Women in Oliver Stone’s &lt;em&gt;Alexander&lt;/em&gt;”. Stone, nos dice, pone la relación entre Alejandro y su madre en el centro de la película, pero su descripción de esa relación es inconvincente y confusa. No se trata sólo del prisma abiertamente freudiano con el que el director la entiende (como también, la de Alejandro y Roxana; el film sugiere que Alejandro “vio” a su madre en Roxana). Sino de la desvalorización del papel político que desempeñó Olympias –antes, durante y después de las campañas de su hijo. Pues viejos estereotipos sexuales acerca de la mujer siguen vigentes, señala la autora. La madre de Alejandro sólo puede ser entendida en el mundo de una cultura intensamente competitiva, como era la griega, y especialmente en el contexto de una corte en que el rey practicaba la poligamia y no había normas sucesorias claras. Ni el matrimonio con Filipo era del tipo del matrimonio burgués moderno, ni Olympias estaría especialmente celosa de la última esposa de Filipo, cuando éste conservaba las anteriores. La cuestión era quién sería el heredero del trono. “(The) Philip’s objections to Olympias and hers to him were political and centered on the issue of the succession”. Lo mismo se aplica a las relaciones entre Alejandro y su padre. Como lo ponía Peter Green en&lt;br /&gt;su biografía del conquistador, en este caso más vale recurrir como mentor a Adler que a Freud.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Jeanne Reames, en “The Cult of Hephaestion”, no trata, como podría creerse, de si Alejandro dispuso o no un culto heroico en honor de su amigo y colaborador. Sino, más bien, de la extraña popularidad de que, en ciertos círculos, goza hoy Hefestión. Según la autora, todo indica que esos “fans” lo admiran por ser una figura “romántica” y no militar. Lo que viene a concordar con la tendencia en la historiografía moderna de mirar en menos a Hefestión: diversos autores parecen dar por supuesto que, si alcanzó altos puestos, como el de&lt;em&gt; khiliarkhos&lt;/em&gt;, equivalente del persa&lt;em&gt; hazarapatish&lt;/em&gt;, fue únicamente por el favor de Alejandro. Sin embargo, del estudio de la carrera de Hefestión, como aparece en las fuentes, resulta que a éste Alejandro encomendó preferentemente misiones que tenían que ver con diplomacia, logística o fundación de ciudades. La conclusión es que fue así porque Hefestión demostró habilidad en ese terreno –un terreno a menudo descuidado en una tradición histórica que pone el énfasis en las hazañas en el campo de batalla (además, habría que decir que, de los ejércitos del mundo, el de Alejandro fue probablemente aquel en que menos los ascensos se debieron al favor o a la influencia. La supervivencia estaba en juego). Ello es congruente con el nombramiento de Hefestión como quiliarca, encargado de la seguridad, del protocolo de la corte y de la cancillería del imperio. Hefestión aparece así como el hombre más importante en la corte de Alejandro, una importancia que no se refleja en el tratamiento que ha recibido tanto de la historiografía como del cine –concluye Reames.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;“Oliver Stone, &lt;em&gt;Alexander&lt;/em&gt;, and the Unity of Mankind”, es la contribución de Thomas Harrison y el tópico es, seguramente, uno de los más candentes suscitados por la película. El Alejandro cinematográfico asegura que, en el mundo por él conquistado, Asia y Europa se unificarán, las poblaciones se mezclarán y viajarán libremente; civilización y libertad, en suma, es su aporte a ese mundo. Un Alejandro idealista y revolucionario; así lo defienden tanto Stone como su asesor, Lane Fox. Mientras propósitos declarados semejantes han sido los de más de una guerra imperialista moderna, y “libertad y comercio” resuenan muy actuales en el siglo XXI, en lo que atañe a Alejandro la visión idealista deriva ciertamente de W.W. Tarn (&lt;em&gt;Alexander the Great&lt;/em&gt;, 1948; y &lt;em&gt;cf&lt;/em&gt;. su contribución en la primera edición de la Cambridge Ancient History, 1925). Una visión tal ya no goza de mucho crédito entre los historiadores; cuando algo semejante se encuentra en las fuentes antiguas, se suele atribuir a contaminación de ideas estoicas o quizás de la ideología imperial romana. Sin embargo, aquí Harrison pone en juego nuevas posibilidades. Cuando Alejandro aparece brindando por la &lt;em&gt;homonoia&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;koinonía&lt;/em&gt; de persas y macedonios, esas ideas eran contemporáneas, sí, pero lejos de ser revolucionarias, derivaban en gran parte de la ideología real persa. Así, la descripción de Arriano de la ordenación de los puestos en el banquete de Opis –Alejandro en el centro, los macedonios alrededor de él, luego los persas y después otros pueblos- parece reflejar la noción de que los pueblos del imperio se disponen en círculos concéntricos alrededor del pueblo dominante, los persas (&lt;em&gt;cf&lt;/em&gt;. &lt;img class="gl_italic" border="0" alt="Cursiva" src="http://www.blogger.com/img/blank.gif" /&gt;Heródoto 1.134). Las inscripciones persas proporcionan otros precedentes.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;La visión del harem de Darío en la película depende de la vieja visión “orientalista” de Occidente, dice Lloyd Llewellyn-Jones en “Help me, Aphrodite!. Depicting the Royal Women of Persia in&lt;em&gt; Alexander&lt;/em&gt;”. Hay, en efecto, una visión del Oriente (todas las culturas confundidas, pero especialmente el Cercano Oriente) que proviene de las primeras traducciones de las Mil y Una noches, en el siglo XVIII, y de las pinturas de Alma-Tadema y de Ingrès en el XIX. La noción de “harem” como el equivalente práctico de un burdel, a disposición de un solo señor, ha estimulado la fantasía masculina occidental, y así se entiende, en la película, que uno de los Compañeros lance un “¡Ayúdame, Afrodita!”, a la vista de tantas bellezas asequibles. Un concepto más adecuado sería “inner court”, “corte interior”, no necesariamente un lugar físico en un palacio (porque podía ser itinerante, como muchas cortes antiguas), y que comprendía el conjunto de mujeres, comprendiendo la madre del soberano y otras mujeres viejas, los niños, esclavos, etc. Hay una interesante discusión en el texto del autor sobre si realmente existía un “harem” (como los griegos lo entendieron) en la corte persa; se impone la afirmativa, por el paralelo con otras sociedades orientales, y especialmente con el imperio otomano. &lt;em&gt;Alexander&lt;/em&gt;, en lugar de entender el significado político de esta “corte interior” (de ahí la importancia de su captura por Alejandro después de Issos), prefirió rendir tributo a la imagen estereotipada. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Aunque no tienen relación directa con los estudios clásicos, es interesante&lt;br /&gt;detenerse en otras contribuciones. Verity Platt, en “Viewing the Past. Cinematic Exegesis in the Caverns of Macedon”, sostiene que los episodios más innovadores en el film de Stone son los que exploran las motivaciones psicológicas de Alejandro. Especialmente aquel –reconocidamente ficticio- en que Filipo muestra a su joven hijo las imágenes míticas pintadas en los subterráneos de Pella: se trata de los arquetipos –Aquiles, Edipo, Prometeo- (más o menos freudianamente entendidos) que obrarían en la vida de Alejandro. Aquí, Alejandro no sólo es observado por el espectador; también él observa; porque, como apunta Platt, en el corpus cinematográfico de Stone se nos recuerda permanentemente tanto el poder como la &lt;em&gt;subjetividad&lt;/em&gt; (su destacado) de lo visual. Y pone de relieve (brillantemente) los “guiños” de &lt;em&gt;Alexander&lt;/em&gt; a otras obras fílmicas, &lt;em&gt;Citizen Kane&lt;/em&gt;, desde luego, pero también &lt;em&gt;Le Mépris&lt;/em&gt;, de Jean-Luc Godard, y &lt;em&gt;Fellini-Satyricon&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;Los autores que primero se presentan en la ordenación de este volumen, Joanna Paul (“Oliver Stone’s &lt;em&gt;Alexander&lt;/em&gt; and the Cinematic Epic Tradition”) y Jon Solomon (“The Popular Reception of &lt;em&gt;Alexander&lt;/em&gt;”), declaran que no pretenden defender la obra de Stone de sus numerosos críticos, mas dejan la impresión de que eso es, precisamente, lo que hicieron. Con todo, un buen argumento a propósito de la “historicidad” de la versión es el de Paul: que Stone “dramatiza” un elemento clave en la relación del mundo moderno con la Antigüedad: la dificultad de descubrir la verdad bajo los estratos acumulados de “recepción” a través de los siglos. Ello vale, en general, para el trabajo del historiador. O como lo pone Solomon: un director y guionista experimentado, como Stone, desarrolla la misma habilidad en que consiste la disciplina histórica, tal como la definen los propios historiadores: buscar “sophisticated approaches to various kinds of historical evidence”. Bien, puede ser; aunque no exactamente &lt;em&gt;la misma&lt;/em&gt; habilidad, diríamos nosotros.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Robin Lane Fox se ocupa de “Alexander on Stage: a Critical Appraisal of Rattigan’s &lt;em&gt;Adventure Story&lt;/em&gt;” y Kim Shahabudin, de “The Appearance of&lt;br /&gt;History: Robert Rossen’s &lt;em&gt;Alexander the Great&lt;/em&gt;”. Tenemos que ver aquí con los predecesores del Alexander de Stone, uno en el teatro y otro en el cine (éste, con Richard Burton en el papel protagónico); prácticamente los únicos en el arte de la representación, con excepción de una serie televisiva (y de algunas obras de la época barroca). Se comprende la dificultad. Se trata de la recreación de un personaje que, aunque no fuera el tema de un Sófocles o de un Shakespeare, no ha sido menos mitopoiético ni ha dejado de influir en la visión de la posteridad. Por su parte, Monica Silveira Cyrino se ocupa de los problemas del actor principal en“Fortune Favors the Blond. Colin Farrell in &lt;em&gt;Alexander&lt;/em&gt;”. &lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;Cierra la compilación John F. Cherry, con “Blockbuster! Museum Responses to Alexander the Great”. Se llamó “blockbuster” un tipo de bomba usado en la II Guerra Mundial, especialmente destructivo, para luego aplicarse el nombre a un film de éxito arrollador y, también, a las exposiciones museográficas que atraen un público masivo, nos informa este autor. Se trata de las exposiciones sobre el tema de Alejandro, de Thessaloniki a Japón y Uzbekistán, pasando, desde luego, por Nueva York. &lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;Finalmente, la obra da la palabra al propio Stone; un tanto sorprendentemente, ya que no se hubiera esperado que en un cónclave de&lt;br /&gt;especialistas interviniera un profano. Mas Clío debe respeto a su hermana menor, como ya se observó. El cineasta defiende bastante bien sus puntos de vista; algunos de sus juicios trasuntan el mejor sentido común: “Important as gender may be, is it the determinant motive of history?” –“I sometimes feel professional historians… expect too much from their leaders –requiring them to act from abstract principles in a harsh world full of chaos”. Defendiendo su interpretación, Stone piensa que, si Alejandro hubiera vivido, hubiera generado un mundo globalizado&lt;br /&gt;como el de hoy, pero “with&lt;em&gt; one world government&lt;/em&gt;” (destacado suyo) –la perspectiva evidentemente lo entusiasma. Pero también defiende los derechos del dramaturgo. Al cabo, como muchos que han tratado con esta figura, Stone sucumbe a su fascinación: si Alejandro nos deja con más preguntas que respuestas, las suyas son preguntas que vale la pena hacerse –“and his achievements (are) glorious ideals to live by”. Así sea.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;En la introducción a &lt;em&gt;Responses&lt;/em&gt;, los editores se felicitan por la discusión que suscitó la película de Stone. La obra comentada prolonga y ahonda esa discusión; todas las contribuciones, cada una a su modo, son de real interés. Reconociendo la libertad del artista para recrear un personaje o una época, es importante que el público culto conozca los límites objetivos de esa recreación; al menos, desde el punto de vista de lo que efectivamente sabemos. Y aunque las interpretaciones aquí sustentadas no lograrán el acuerdo de todos los especialistas, nada será más normal, pues se trata de un tema –Alejandro- que no ha dejado de ser objeto de controversia desde la misma Antigüedad. En cuanto a las interpretaciones reduccionistas, ya Hegel respondió para los siglos: si nadie es héroe para su ayuda de cámara, no es porque no haya héroes, sino porque el otro es un ayuda de cámara.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Publicada en la revista &lt;em&gt;Limes&lt;/em&gt; (Centro de Estudios Clásicos de la Universidad Metropolitanade Ciencias de la Educación, Santiago), N° 23/2010, pp. 173-178.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2244383159402765092-4799550804081271891?l=erwinrobertson.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erwinrobertson.blogspot.com/feeds/4799550804081271891/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2244383159402765092&amp;postID=4799550804081271891' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2244383159402765092/posts/default/4799550804081271891'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2244383159402765092/posts/default/4799550804081271891'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erwinrobertson.blogspot.com/2011/10/el-alexander-de-o-stone.html' title='El &quot;Alexander&quot; de O. Stone'/><author><name>Erwin Robertson</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04050929384875287404</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2244383159402765092.post-1028239963354572527</id><published>2011-10-02T15:46:00.003-03:00</published><updated>2011-10-02T16:53:40.114-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Actualidad'/><title type='text'>RETORNO A CLASES</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;La universal aprobación al movimiento estudiantil de 2011 ha estado de una no menos universal desinformación.&lt;/em&gt; El Mercurio&lt;/span&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt; de Santiago no estimó de interés general la siguiente carta, de fecha 29 de septiembre&lt;/span&gt;:&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Señor Director:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El problema no es el "retorno a clases" de los estudiantes universitarios movilizados, aunque el ministro de Educación pueda creerlo así. En los medios universitarios (de las universidades estatales y privadas del Consejo de Rectores que han estado paralizadas) todos saben que los alumnos "volverán" exclusivamente para ser evaluados y aprobar el semestre (incidentalemente, en algunos casos, para no perder beneficios económicos). Nadie sueña con que se recuperen las clases perdidas o con que se cumplan las exigencias que los distintos reglamentos establecen. Tampoco nadie se hace ilusiones con el segundo semestre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por lo demás, en algunas universidades se han suspendido formalmente las exigencias -académicas o administrativas- que podrían hacer que un alumno, eventualmente, "perdiera" el semestre. Por ejemplo, disponiendo que, en el caso de reprobación de una asignatura, ésta será automáticamente eliminada de la carga académica del alumno; es decir, será como si nunca hubiera sido cursada. Contrariamente a lo que se ha dicho en la calle, los estudiantes movilizados no han arriesgado nada, y las universidades afectadas parecen, en general, renunciar al rigor que constituye una educación de calidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Saluda atentamente a Ud.,&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;Erwin Robertson&lt;br /&gt;Profesor universitario &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2244383159402765092-1028239963354572527?l=erwinrobertson.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erwinrobertson.blogspot.com/feeds/1028239963354572527/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2244383159402765092&amp;postID=1028239963354572527' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2244383159402765092/posts/default/1028239963354572527'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2244383159402765092/posts/default/1028239963354572527'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erwinrobertson.blogspot.com/2011/10/retorno-clases.html' title='RETORNO A CLASES'/><author><name>Erwin Robertson</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04050929384875287404</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2244383159402765092.post-3369803840989319613</id><published>2011-02-15T11:06:00.005-03:00</published><updated>2011-02-15T15:26:09.086-03:00</updated><title type='text'>COMENTARIO</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;EXTRAÑAS VISITAS&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:georgia;font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;S&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;i alguien hubiera requerido confirmación acerca de la decadencia en que se han hundido los &lt;em&gt;disjecta membra&lt;/em&gt; del antiguo nacionalismo chileno, hubiera bastado con que diese una mirada a una de sus últimas creaciones en la red. Nos referimos a un blogger que invoca el nombre del (¿extinto?) &lt;em&gt;Movimiento Revolucionario Nacional Sindicalista*,&lt;/em&gt; y que en su más reciente edición publica una columna digna de una antología del ramo. "Visitas nacionalistas a Santiago de Chile" se titula la misma, y nos enseña que ilustres dirigentes políticos nacionalistas han visitado Chile, sí; tal como nacionalistas criollos han estado de visita en el extranjero: no se vaya a creer que estamos tratando con provincianos ignorantes del mundo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Entre los ilustres huéspedes figuran nada menos que Juan Pablo II -elevado, como se ve, y sin que se sepa bien porqué, a la condición de líder político nacionalista-, Franz Joseph Strauss, el un tiempo célebre jefe de la CDU -la democracia cristiana bávara, esto es, lo más granado de la derecha teutónica- y el entonces (1980) presidente de Brasil, y antes jefe de los servicios de inteligencia del mismo país, Joao Figueiredo. Si bien se mira, estos visitantes, y otros de menor alcurnia, se concentraron por acá entre los años 1970 y 1980, es decir, los Años Dorados para estos nacionalistas, y se comprende. Apenas era necesario que se nos dijera que F.J. Strauss vino porque admiraba a Augusto Pinochet. Otros fueron de variopinta significación, pero en general representaban a la extrema derecha más obtusa, prosionista y pronorteamericana, fascinada con Pinochet así como los nacionalistas criollos estaban fascinados con ella. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;La columna no está exenta de humorismo, por cierto involuntario. De Blas Piñar, representante de un franquismo ya en descomposición y volatilización por los años 80, nos informa que "se (&lt;em&gt;sic&lt;/em&gt;) quedó conforme con el nacionalismo chileno" -lo que, si es así, demuestra la inteligencia del personaje. Nos cuenta que, a través de F.J. Strauss, los dirigentes "nacional-sindicalistas" quisieron captar el apoyo financiero de la Hanns Seidel-Stiftung; reuniones hubo al efecto, pero "nunca más se tuvo noticias de la Fundación". Es comprensible que los buenos bávaros hayan preferido transferir su generosidad a la UDI, como se sugiere allí mismo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Mas no es por pura malicia que nos hemos detenido en esta columna -y hay más, el lector no puede perdérsela-; algo de lo que refiere nos atañe. Entre tanto turista de la época, se distingue Stefano della Chiaie (SDC), del que se dice un tanto vagamente "vino dos veces a Chile a desarrollar actividades en el ámbito de la seguridad". Hoy es público y notorio que SDC, prófugo de la justicia italiana por razones que sólo a él competen, perteneció aquí a la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) -y esto ya no compete sólo a él. SDC, relata el columnista, "encontró resistencias en Erwin Robertson y en Ramón Callís Arrigorriaga". No dice resistencias a qué, pero es sabido que se trataba de una labor de inteligencia política: acarrear y unificar a los nacionalistas dispersos y algo díscolos -y a los que, como yo, nos habíamos distanciado de ese "ambiente"- en favor del régimen militar. De Ramón Callís no puedo decir nada, pero mi personal "resistencia" me valió que SDC me colocara en primer lugar -se agradece el honor- en una lista de "eliminables". Así, por lo menos, asegura Manuel Salazar, en &lt;em&gt;Contreras. Historia de un intocable&lt;/em&gt; (1995). Al parecer, el general Contreras desestimó el oficioso plan y a él debo el estar aún con vida.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Más allá de la anécdota, la columna refleja la pintoresca pequeña historia del nacionalismo chileno en las últimas décadas. Sin decir nada de la falta de información y del tono &lt;em&gt;naif &lt;/em&gt;-de nuevo, involuntario- de la columna misma. Por vergüenza ajena, sería recomendable que la "bajasen".-&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;*&lt;a href="http://feresueltachile.blogspot.com/2011/01/fe-resuelta-n77-febrero.html"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;http://feresueltachile.blogspot.com/2011/01/fe-resuelta-n77-febrero.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Puse un comentario a la columna, pero con esta fecha aún no se publicaba.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2244383159402765092-3369803840989319613?l=erwinrobertson.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erwinrobertson.blogspot.com/feeds/3369803840989319613/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2244383159402765092&amp;postID=3369803840989319613' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2244383159402765092/posts/default/3369803840989319613'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2244383159402765092/posts/default/3369803840989319613'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erwinrobertson.blogspot.com/2011/02/comentario.html' title='COMENTARIO'/><author><name>Erwin Robertson</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04050929384875287404</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2244383159402765092.post-1498870222751679070</id><published>2010-12-17T23:07:00.002-03:00</published><updated>2010-12-17T23:19:11.950-03:00</updated><title type='text'>Reseña</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;span style="color:#ff0000;"&gt;Loren J. Samons II:&lt;br /&gt;&lt;em&gt;What's Wrong with Democracy? &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;From Athenian Practice to &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#ff0000;"&gt;American Worship&lt;/span&gt;.*&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;            University of California Press, Berkeley/Los Angeles/London, 2004, 307 pp.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#003300;"&gt;L. J. Samons II es especialista en Grecia clásica, autor de obras como &lt;em&gt;Empire of the Owl: Athenian Imperial Finance&lt;/em&gt; (Stuttgart, 2000) y &lt;em&gt;Athenian Democracy and Imperialism&lt;/em&gt; (Boston, 1998). En &lt;em&gt;What's Wrong with Democracy?&lt;/em&gt; (“¿Qué hay de malo con la democracia?”) analiza críticamente la práctica política ateniense en los ss. V y IV, con la mirada puesta en la democracia norteamericana de hoy. Uno de esos casos, pues, en que el estudio del pasado se vuelve juicio sobre el presente... y a la inversa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#003300;"&gt;Los puntos de vista del autor son heterodoxos, por decirlo suavemente: cuestiona la “fe” en la democracia, el “culto” (&lt;em&gt;american worship&lt;/em&gt;) rendido a un sistema de gobierno cuyas virtudes se dan por aceptadas sin que medie demostración racional. LJS cree que las (buenas) cualidades que tradicionalmente se asocian con la democracia vienen de la existencia de un cuerpo ciudadano con derechos y deberes, y del gobierno de la ley, cosas que pueden ser separadas de la democracia per se. Cree más: que los valores democráticos propiamente tales (que se puede resumir en el igualitarismo y la noción de que la voluntad popular, expresada a través del voto, es moralmente buena), que han llegado a ser los principios morales y sociales fundamentales de la sociedad norteamericana, ahora amenazan la forma constitucional representativa de su gobierno.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#003300;"&gt;Los Fundadores de la constitución norteamericana (James Madison, por ej.) desconfiaban de la  democracia “pura”, tal como se practicó en la Atenas clásica. Sólo en el curso del s. XX los norteamericanos llegaron a identificar a su gobierno como una “democracia” –señala LJS-, a la vez que se imponía la creencia de que era el mejor régimen posible; pero ello fue justo en el momento en que la palabra perdía mucho de su significado originario. Atenas, en un tiempo un modelo, ahora suele estar bajo crítica, no porque fuera &lt;em&gt;demasiado &lt;/em&gt;democrática (como pensaban los Fundadores), sino porque no realizó &lt;em&gt;suficientemente&lt;/em&gt; los ideales democráticos. Así y todo, porque era (en todo o parte) democrática, Atenas antigua se beneficia del prejuicio moderno favorable a la democracia. ¿Y si los aspectos más problemáticos fuesen justamente los democráticos? Es característico el tratamiento de la muerte de Sócrates, aduce LJS; como un accidente o una anomalía que no autoriza un juicio sobre el régimen político que lo condenó: ¡casi como si Sócrates hubiera cometido suicidio!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#003300;"&gt;Se trata entonces de examinar la historia ateniense, tal como fue, a fin de ver si de ella se puede extraer  lecciones para la política y la sociedad modernas. Por lo tanto, un primer capítulo de la obra proporcionará información general sobre el tema; sucesivos capítulos pasarán revista a otros tantos aspectos de la demokratía ateniense. “Democracia y demagogos: Elección, votación y calificaciones para la ciudadanía” es el título del capítulo 2. Al contrario de lo que se estima en las democracias modernas, LJS recuerda que el voto no era un procedimiento definitorio de la democracia (la regla democrática era el sorteo, como advertía Aristóteles) . Sin embargo, cargos importantes, como el de &lt;em&gt;strategós&lt;/em&gt;, eran elegidos por votación. Característicos de la democracia ateniense fueron asimismo la ausencia de calificaciones de propiedad para la ciudadanía y el hecho de que los ciudadanos más pobres recibieran, en distinta forma, pagos del tesoro público. No obstante, la noción de ciudadanía en Atenas difería de la de los modernos regímenes democráticos, donde se asocia primeramente con derechos y privilegios, más que con las calificaciones que requiere o los deberes que implica. Además, muchas de las garantías que comporta se consideran “derechos humanos” (comillas de LJS), que no dependen –se dice- o no deberían depender de la forma particular de régimen o de la distinción entre ciudadanos y extranjeros. Por el contrario, en la democracia ateniense la ciudadanía significaba serias obligaciones, incluso ciertos patrones de conducta privada, recuerda el autor. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#003300;"&gt;El capítulo sobre las finanzas públicas (“the People's Purse”) subraya el carácter excepcional de Atenas entre las ciudades griegas: en primer lugar, por su riqueza en mineral de plata y por la flota de guerra que ella permitió. Con el imperio y el tributo de los “aliados”, en el s. V, pudo manejar recursos financieros sin comparación en Grecia antigua. Fue igualmente inusitado que el ateniense común, al que no se pedían requisitos de propiedad para votar en la asamblea, comenzara a decidir entonces sobre materias financieras. LJS señala el empleo abusivo de esos recursos (así lo era a ojos de todos los demás griegos) en pagos a los propios ciudadanos y en un extraordinario programa de obras públicas. Cuando se agotaron las reservas, como durante la Guerra del Peloponeso, o cuando dejaron de existir las rentas imperiales, como en el s. IV, Atenas debió gravar a sus ciudadanos ricos. Es agudísima la observación de que, con todo, a la hora de gastar, los atenienses giraban sobre sus propias reservas; la deuda pública moderna consiste en traspasar la deuda de una generación a otra.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#003300;"&gt;La política exterior del s. V está tratada en dos capítulos. Evidentemente, los temas son la construcción del imperio, las circunstancias que llevaron a la gran guerra inter-helénica  que fue la Guerra del Peloponeso, y las de la guerra misma. Un interesante excursus aborda el problema de la causalidad histórica, a propósito de la Guerra del Peloponeso.  Para el s. IV (tema del capítulo que sigue), el problema es el de la “Defensa Nacional”, no ya el de una política imperial. De una Atenas agresiva, se pasa a una Atenas a la defensiva que terminará por sucumbir ante Filipo de Macedonia. Con todo, el triunfo de Macedonia no era inevitable, como no había sido inevitable el triunfo de los persas –con fuerzas mucho mayores- siglo y medio antes. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#003300;"&gt;En “Democracia y Religión”, último capítulo, LJS recuerda que la sociedad ateniense era una &lt;em&gt;integral society&lt;/em&gt;, sin la separación entre las esferas política, religiosa y económica, propia de las sociedades modernas. En Atenas, lo puramente “político”, en el sentido limitado moderno –lo relativo al gobierno, a las elecciones y a las opiniones al respecto- era sólo una pequeña parte del conjunto social. Sin duda, las actividades militares y religiosas disfrutaban de una participación pública mucho más elevada que la votación en las asambleas. Más que de &lt;em&gt;demokratía&lt;/em&gt; o de los ideales de “libertad e igualdad” –comillas de LJS-, los principios unificantes del cuerpo ciudadano ateniense provenían de las creencias comunes acerca de los dioses, de un sentimiento de superioridad nacional y de la conciencia de la importancia de cumplir los deberes hacia los dioses, la familia y la polis. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#003300;"&gt;Ahora bien, la tesis central de LJS es que, mientras que los logros por los que se admira a Atenas –el arte, la tragedia, la filosofía- no tenían que ver con la democracia, fue el carácter democrático del régimen lo que estimuló los aspectos más negativos. Si el pueblo decidía sobre la distribución de fondos públicos a sí mismo, eso tenía que alentar el desarrollo de los demagogos: era fácil para un político asegurar la propia elección o el éxito de las propias iniciativas mediante la proposición de repartir más dinero público a una porción suficientemente amplia de los ciudadanos. Es cierto que Pericles (como muestra Tucídides) fue capaz de “conducir al pueblo más que ser conducido por él”, y de persuadirlo a tomar decisiones impopulares, pero correctas desde el punto de vista del dirigente (que era el de la grandeza imperial de Atenas).  Capaz también de enfrentar a ese pueblo, corriendo el riesgo de destitución, multas, ostracismo y hasta de la pena capital; muy a la inversa del “timid  modern statesman, afraid even to suggest that 'the American people' might be misguided”. LJS penetra en el mecanismo psicológico del voto y cree poder establecer que el ciudadano medio, en el momento de elegir, no preferirá a los candidatos que se vean muy superiores a él o que le digan lo que no quiere escuchar. Es lo que parece haber ocurrido después de la muerte  de Pericles. En el s. IV, Demóstenes se verá en apuros para convencer a los atenienses a destinar los recursos (entonces escasos) a las necesidades de la defensa antes que al subsidio del teatro. El autor repara también en la perversión que, a su juicio, constituye la reverencia por el acto mismo de votar, antes que por el sentido de la decisión –el “proceso” es más importante que el “producto”-, con la conclusión práctica: “any immoral or unwise act –whether it is executing a great philosopher or killing civilians while making undeclared war on Serbia or Iraq- can be defended on the grounds that it reflects the results of the democratic process”.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#003300;"&gt;Tempranamente (s. VI), Atenas mostró ambiciones imperiales; y si suele hacerse una lectura humanista y liberal del Discurso Fúnebre de Pericles, el autor muestra que su tono es “&lt;em&gt;militaristic, collectivist..., nationalistic&lt;/em&gt;". La democracia sólo exacerbó esta política. Los atenienses fueron plenamente conscientes de que la guerra y del imperio generaban ingresos que los beneficiaban directamente, lo que estimuló los aspectos más agresivos e imperialistas de la política exterior. Es claro que el pueblo aprobó todas las empresas que implicaban someter, expulsar de su territorio o exterminar a otros griegos. Si la democracia no fue la causa de la Guerra del Peloponeso, lo menos que se puede decir –en opinión de LJS- es que no hizo nada por poner fin a la guerra. Con todo, los atenienses en el s. V por lo menos arriesgaban sus vidas, en el ejército y en la flota. Mas en el s. IV estaban menos dispuestos a sacrificios para fortalecer y proteger el Estado y llegaron a pensar que tenían derecho a recibir pagos, existiera el imperio que proveía de rentas o no, y estuvieran o no cubiertas las necesidades de la seguridad nacional. El &lt;em&gt;dêmos&lt;/em&gt; desalentaba a los individuos ricos y capaces de entrar al servicio del Estado; es &lt;em&gt;shocking&lt;/em&gt; la frecuencia con que los generales eran juzgados y multados o condenados a muerte. Cuando llegó la hora de enfrentar el creciente poder de Filipo de Macedonia, los atenienses nunca quisieron sacrificar la paga por la asistencia a la asamblea y el subsidio del teatro para sufragar los gastos militares necesarios. Prefirieron escuchar a los oradores que les tranquilizaban con la perspectiva de la paz, antes de decidirse a una política exterior que protegiera a sus aliados –mientras los tuvieron. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#003300;"&gt;Llegados a este punto, puede uno preguntarse que puede inferirse del funcionamiento de la democracia ateniense para la democracia moderna. LJS se detiene en un aspecto. A diferencia de la democracia antigua, que reposaba sobre un conjunto de sólidos valores comunes, independientes de la misma democracia, la moderna (en particular, la norteamericana, para el autor) ha debilitado esos valores, o prescindido de ellos. La democracia ha sido elevada al nivel de creencia religiosa (&lt;em&gt;the American religion&lt;/em&gt;). Los nuevos valores moralmente aceptados e indiscutibles son &lt;em&gt;freedom&lt;/em&gt; (para cualquier cosa que uno desee), &lt;em&gt;choice &lt;/em&gt;(respecto de lo que sea) y &lt;em&gt;diversity&lt;/em&gt; (en cualquier plano). Estas palabras resuenan en los corazones de los ciudadanos del modo como antes resonaban “God, family, and country”. Mientras parece perfectamente aceptable en algunos círculos reprender a alguien por sostener opiniones políticamente “incorrectas”, el hecho de hacer ver a otra persona que sus actos son moralmente equivocados y socialmente inaceptables, es en sí mismo considerado grosero, si no inmoral. Pero ninguna sociedad con valores reales (es decir, no los valores vacíos de libertad, elección y diversidad, advierte LJS) puede subsistir bajo reglas que impiden la reafirmación de esos valores mediante la desaprobación pública y privada de los individuos que los violan.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#003300;"&gt;Como conclusión, el autor compara las figuras de Pericles y Sócrates. No enteramente homologables, desde luego: Pericles era principalmente político (“statist”, dice LJS) y ponía el servicio del ciudadano al Estado por sobre otras cualidades; su declarado objetivo era la grandeza de su patria. Sócrates, principalmente “moral”: para él, no era el poder del Estado el fin que debía perseguir el individuo, sino el mejoramiento de la propia alma. Mas tanto el uno como el otro arriesgaron sus propias vidas al servicio de su patria, su piedad religiosa (demostrada en el culto público) estaba conforme a lo que pensaban sus conciudadanos, subordinaron la ganancia personal a sus ideas sobre justicia o servicio público y fueron, cada uno a su modo, líderes dispuestos a correr grandes riegos por decir lo que juzgaban era necesario decir. No fueron totalmente exitosos: “Both might have been surprised to learn that we have taken the Athenian political system, stripped away its historical and social context, and raised it from a simple form of government to the one remaining Form of virtue”. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#003300;"&gt;Las tesis de &lt;em&gt;What's Wrong with Democracy&lt;/em&gt; resuenan inusuales y hasta provocativas, no sólo en Estados Unidos.  Aquí nos interesan particularmente en lo que tienen que ver con la historia griega antigua. En este sentido, la obra de LJS es un completo y muy documentado resumen sobre la historia política de la época clásica,  recogiendo la discusión historiográfica relevante del último tiempo. Algunas observaciones podemos permitirnos a este respecto.  Ciertamente, la democracia ateniense no era nada pacifista, ni humanitaria ni especialmente tolerante; pero tampoco lo era Esparta, cuyo régimen político es habitualmente considerado oligárquico (podemos aceptar que los espartanos, por razones que ellos bien sabían, no estaban tan dispuestos a ir a la guerra como los atenienses). Los “crímenes de guerra” –para emplear la terminología moderna- abundaron por lado y lado durante la Guerra del Peloponeso –como en toda guerra, sin duda. La democracia ateniense, no por confiar el gobierno a una muchedumbre no calificada, fue particularmente ineficiente; por el contrario, manejaron sus finanzas bastante bien (aunque seguramente la Guerra del Peloponeso tuvo un costo mayor del previsto por Pericles) y su política exterior no dejó mucho que desear, al menos en el s. V (Tucídides contrasta la eficacia ateniense con la lentitud espartana). La paga por las funciones públicas, vista como una forma de corrupción por algunas de nuestras fuentes –y LJS parece compartir la opinión-, era necesaria, si se quería que el régimen fuera &lt;em&gt;efectivamente&lt;/em&gt; democrático (Aristóteles señalaba las condiciones para ello) y, además, imperial (la flota era maniobrada en gran parte por los propios ciudadanos). El autor, por fin, adopta el punto de vista habitual en gran parte de la historiografía de los ss. XIX y  XX sobre la decadencia de Atenas en el s. IV, un punto de vista que ya ha sido contrastado (nosotros mismos nos hemos referido al tópico en “La decadencia de la Polis en el siglo IV AC: ¿'mito' o realidad?”, &lt;em&gt;Revista de Humanidades&lt;/em&gt;, U. Andrés Bello, Santiago, vol. 13, 2006, pp. 135-149). &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#003300;"&gt;Como quiera que juzguemos las opiniones políticas del autor, las cuestiones que plantea no son irrelevantes. Sin duda se puede sacar lecciones prácticas del funcionamiento del sistema político ateniense; de fondo, empero, es la pregunta de si  ha existido una sociedad que no se funde en un mínimo de valores estables compartidos –no sólo “procedimentales”. Atenas puede ofrecer respuestas a estas preguntas. Como siempre, el mundo clásico tiene algo que decir a las inquietudes del hombre contemporáneo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;*&lt;span style="font-size:85%;color:#ff0000;"&gt;Publicado en revista &lt;em&gt;Limes &lt;/em&gt;N° 21, Santiago, 2009, pp. 174-178.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2244383159402765092-1498870222751679070?l=erwinrobertson.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erwinrobertson.blogspot.com/feeds/1498870222751679070/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2244383159402765092&amp;postID=1498870222751679070' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2244383159402765092/posts/default/1498870222751679070'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2244383159402765092/posts/default/1498870222751679070'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erwinrobertson.blogspot.com/2010/12/resena.html' title='Reseña'/><author><name>Erwin Robertson</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04050929384875287404</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2244383159402765092.post-3459928889186303026</id><published>2008-11-15T12:46:00.003-03:00</published><updated>2010-12-17T22:59:23.289-03:00</updated><title type='text'>Publicaciones académicas 2005-2010</title><content type='html'>&lt;p&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#006600;"&gt;1) Artículos y capítulos de libros.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;ol&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/ol&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;em&gt;“Poder marítimo e Imperio en la Atenas clásica”&lt;/em&gt;,&lt;/span&gt; en &lt;em&gt;Actas III Jornada de Historia Naval y Marítima&lt;/em&gt;, Museo Naval y Marítimo, Valparaíso, 2005, pp. 41-50.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;em&gt;“Tiempo e Historia en E. M. Cioran”,&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; en P. Corti, R. Moreno &amp;amp; J.L. Widow (editores), &lt;em&gt;Historia: el sentido humano del tiempo&lt;/em&gt;. Ediciones Altazor, Viña del Mar, 2005, pp. 251-260.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;em&gt;Los Bellos y Buenos. Nota sobre la discusión de un concepto ideológico y social&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;, en G. Grammatico, A. Arbea, M.A. Jofré (editores), &lt;em&gt;La idea de belleza en la antigua Hélade&lt;/em&gt;, Colección Iter, Santiago, 2006, pp. 83-102.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;“&lt;em&gt;La Decadencia de la Polis en el siglo IV A.C.: ¿«Mito» o realidad?&lt;/em&gt;”,&lt;/span&gt; en &lt;em&gt;Revista de Humanidades&lt;/em&gt;, vol. 13, Junio 2006, Santiago, pp. 135-149.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;“&lt;em&gt;Iure caesus&lt;/em&gt;: ajusticiamiento político sumario, de la Roma arcaica al tiempo de Cicerón”,&lt;/span&gt; en &lt;em&gt;Intus-Legere&lt;/em&gt; N° 9, vol. I, Santiago, 2006, pp. 11-32.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;Imperio y Democracia: hegemonía imperial y gobierno del pueblo en la Atenas del siglo V A.C&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;., Cuadernos de la Facultad de Historia, Geografía y Letras, Universidad Metropolitana de Cs. de la Ed., Santiago, 2006.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;“&lt;em&gt;Oclocracia y demagogos en Polibio de Megalópolis&lt;/em&gt;”&lt;/span&gt;, en &lt;em&gt;Limes&lt;/em&gt; N° 19, 2007, Santiago, pp. 175-189.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;em&gt;"Mito y Utopía en los confines del mundo. La geografía fantástica de Diodoro de Sicilia&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;”, en &lt;em&gt;Intus-Legere&lt;/em&gt; 2008 [2009*], Vol. 2, N° 2,  Universidad Adolfo Ibáñez, Santiago, pp. 9-25.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;Un silencio de Dionisio de Halicarnaso&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;, en AA.VV., &lt;em&gt;Experiencia de la palabra y del silencio&lt;/em&gt;, Universidad Metropolitana de Cs. de la Ed., Santiago, 2008 [2009*], pp. 241-251.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;Romulus Graecus. &lt;em&gt;La primera constitución romana según Dionisio de Halicarnaso&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;. &lt;em&gt;XV Semana de Estudios Romanos,&lt;/em&gt; P. Universidad Católica de Valparaíso, Valparaíso, 2010, pp. 383-408.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#006600;"&gt;2) Reseñas&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;ol&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/ol&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;“Walter Burkert: &lt;em&gt;De Homero a los Magos. La tradición oriental en la cultura griega&lt;/em&gt;”&lt;/span&gt;, en &lt;em&gt;Limes&lt;/em&gt; Nº 17, 2005, Santiago, pp. 224-226.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;“Gonzalo Bravo (Coordinador): &lt;em&gt;La caída del Imperio Romano y la génesis de Europa&lt;/em&gt;” - Marcel Le Glay: &lt;em&gt;Grandeza y caída del Imperio Romano&lt;/em&gt;”&lt;/span&gt;, en &lt;em&gt;Limes&lt;/em&gt; Nº 17, 2005, Santiago, pp. 227-233.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;“&lt;/span&gt;Jan N. Bremmer: &lt;em&gt;El concepto del alma en la antigua Grecia&lt;/em&gt;”&lt;/span&gt;, en &lt;em&gt;Limes&lt;/em&gt; Nº 18, 2006, Santiago, pp. 187-197.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;“Claude Mossé: &lt;em&gt;Alejandro Magno. El destino de un mito&lt;/em&gt;”&lt;/span&gt;, en &lt;em&gt;Limes&lt;/em&gt; Nº 18, 2006, Santiago, pp. 198-200.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;“Sofía Correa Sutil: &lt;em&gt;Con las riendas del poder. La derecha chilena en el siglo XX&lt;/em&gt;”&lt;/span&gt;, en &lt;em&gt;Dimensión Histórica de Chile&lt;/em&gt; Nº 19, 2004-2005 (2006), Santiago, pp. 403-408.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;“Jacques Lafaye: &lt;em&gt;Por amor al griego. La nación europea, señorío humanista (siglos XIV-XVII)&lt;/em&gt;”&lt;/span&gt;, en &lt;em&gt;Limes&lt;/em&gt; N° 19, 2007, Santiago, pp. 253-257.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;“Jacqueline de Romilly: &lt;em&gt;La Ley en la Grecia clásica&lt;/em&gt;”&lt;/span&gt;, en &lt;em&gt;Limes&lt;/em&gt; N° 19, 2007, Santiago, pp. 257-259.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;“Cornelius Castoriadis: Lo que hace a Grecia. 1. De Homero a Heráclito. Seminarios 1982-1983. La creación humana II”&lt;/span&gt;, en &lt;em&gt;Limes&lt;/em&gt; N° 19, 2007, Santiago, pp. 260-263.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;“Loren J. Samons II: &lt;em&gt;What’s Wrong with Democracy? From Athenian Practice to American Worship&lt;/em&gt;”&lt;/span&gt;, en &lt;em&gt;Limes&lt;/em&gt; N° 21, 2009, Universidad Metropolitana de Cs. de la Ed., Santiago, pp. 174-178.&lt;br /&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;“&lt;/span&gt;Andrew Erskine (ed.): &lt;em&gt;A companion to the Hellenistic World&lt;/em&gt;”&lt;/span&gt;, en &lt;em&gt;Limes &lt;/em&gt;N° 22, 2009, Santiago, pp. 187-192.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;strong&gt;3) Otras&lt;/strong&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;“Apostillas sobre Alejandro”&lt;/span&gt;, en Artes y Letras, &lt;em&gt;El Mercurio,&lt;/em&gt; Santiago, 13 de febrero de 2005, p. E11.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;"De un Centenario a otro. En torno a Nicolás Palacios"&lt;/span&gt;, en &lt;em&gt;Revista 2010&lt;/em&gt;, N° 1, 2009, La Serena, pp. 36-39.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt; “Giuseppina Grammatico”,&lt;/span&gt; en &lt;em&gt;Exemplum&lt;/em&gt; N° 2, 2009, Universidad Internacional SEK, Santiago, pp. 379-381.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;ul&gt;&lt;ul&gt;&lt;ul&gt;&lt;br /&gt;&lt;li&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Ver también en &lt;span style="color:#ff0000;"&gt;&lt;em&gt;Ciudad de los Césares&lt;/em&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;&lt;/ul&gt;&lt;/ul&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2244383159402765092-3459928889186303026?l=erwinrobertson.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erwinrobertson.blogspot.com/feeds/3459928889186303026/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2244383159402765092&amp;postID=3459928889186303026' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2244383159402765092/posts/default/3459928889186303026'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2244383159402765092/posts/default/3459928889186303026'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erwinrobertson.blogspot.com/2008/11/publicaciones-acadmicas-2004-2007.html' title='Publicaciones académicas 2005-2010'/><author><name>Erwin Robertson</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04050929384875287404</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2244383159402765092.post-5963852016375373045</id><published>2008-06-12T21:18:00.005-04:00</published><updated>2008-06-30T19:50:47.394-04:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Carta a El Mercurio'/><title type='text'>Sobre las influencias del  "corporativismo" y de Carl Schmitt en el gobierno militar</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;em&gt;Cierta polémica, entre el libelo y la hagiografía, se había trabado en&lt;/em&gt; El Mercurio&lt;em&gt; de Santiago a propósito de don Jaime Guzmán Errázuriz, inspirador -según se acusa- de ciertos aspectos del régimen militar 1973-1990, y fundador de la UDI. Era importante llevar el debate al terreno de las ideas, haciendo algunas precisiones sobre autores que se había traído a colación  más como para incriminarlos por asociación que para medir su efectiva influencia en la política chilena. De aquí las cartas que siguen.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Santiago, 12 de junio de 2008&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Señor&lt;br /&gt;Cristián Zegers Aristía&lt;br /&gt;Director de &lt;em&gt;El Mercurio&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Presente&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Señor Director:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;La discusión del momento sobre las influencias doctrinarias en Jaime Guzmán recuerda, en parte, los debates soterrados de comienzos del gobierno militar. En los años 60 fue muy leído en los medios de la derecha católica el libro &lt;em&gt;Nostalgia de Vázquez de Mella&lt;/em&gt;, del P. Osvaldo Lira. Es probable que lo leyera Guzmán, aunque,  según acusaban los católicos tradicionalistas, éste se apartó de las enseñanzas de su maestro, el autor del libro. Ahora bien, Vázquez de Mella fue un político, un periodista y un orador, pero no un gran pensador. Quienes escribieron sobre corporativismo en Chile, como el senador Guillermo Izquierdo Araya, jamás lo citaron. Esto para dimensionar el tema de las “influencias”. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Ha salido también al tapete Carl Schmitt. El jurista alemán era casi desconocido en las escuelas de Derecho antes de 1973. Desconozco si Guzmán lo leyó alguna vez. Autores importantes, entre nosotros, han intentado demostrar su influencia en la orientación del líder gremialista y del gobierno militar.  Lo importante de precisar es lo siguiente: así como el corporativismo tiene poco que ver con el individualismo neoliberal (que, abusivamente, se llamó en Chile a veces “subsidiarismo”), así también un pensamiento que privilegia lo político y el momento de la “decisión” por sobre la “norma”, como el de Carl Schmitt, está en las antípodas de la despolitización, el “gremialismo” y el moralismo que favoreció en la política chilena Jaime Guzmán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Saluda atentamente al Señor Director,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;Erwin Robertson&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;*Publicada en &lt;em&gt;El Mercurio&lt;/em&gt; de Santiago el 14 de junio de 2008.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Santiago, 16 de junio de 2008&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Señor&lt;br /&gt;Cristián Zegers Ariztía&lt;br /&gt;Director de &lt;em&gt;El Mercurio&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Presente&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Señor Director:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Acepto parcialmente las correcciones de Renato Cristi a mi carta del 14. Varios tratadistas chilenos de derecho constitucional sí mencionaban a Carl Schmitt en sus obras. La cuestión es si lo enseñaban en sus clases (antes de 1973). Por supuesto que Guillermo Izquierdo Araya lo citaba; pero siendo, como era, un teórico del corporativismo, no parece muy representativo del pensamiento jurídico chileno, que ha sido tradicionalmente de orientación liberal. En cuanto a Jaime Guzmán, ahora sé que había leído por lo menos la Teoría de la Constitución de Schmitt. Podemos preguntarnos qué tanto demuestra una lectura, pero esto es ya otra cosa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Por lo que toca a  Schmitt mismo, personalmente no soy un schmittiano, pero me da la impresión de que el tema de &lt;em&gt;Legalidad y Legitimidad&lt;/em&gt; no es precisamente el de la despolitización, aunque diga al pasar que el “Estado totalitario” tiende a la “politización total de toda la existencia humana”. Por otra parte, en &lt;em&gt;El concepto de lo Político&lt;/em&gt; polemiza contra las tendencias que niegan la politicidad del Estado, como el liberalismo, el socialismo y el humanitarismo. Con perdón de mi amable contradictor, creo que aquí topamos con cierta distancia respecto de las ideas del político criollo que ha dado motivo a este intercambio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Saluda atentamente al Señor Director,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Erwin Robertson&lt;br /&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;*Publicada en &lt;em&gt;El Mercurio&lt;/em&gt; el 18 de junio de 2008&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;Santiago, 19 de junio de 2008&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Señor&lt;br /&gt;Cristián Zegers Ariztía&lt;br /&gt;Director de &lt;em&gt;El Mercurio&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Presente&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Señor Director:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jaime Guzmán pudo haber utilizado alguna noción o idea de Carl Schmitt para “legitimar el régimen de Pinochet”, como dice Renato Cristi. Bien, pero eso no implica una influencia profunda del jurista alemán en el político chileno; sobre todo si éste  había consultado sólo una obra del primero (Cristi, carta del 16 de junio). Guzmán, el ingeniero de la máquina, y Pinochet el fogonero: bien, también; ¿qué tiene que ver Schmitt con eso? Un cientista político alemán, Günther Maschke, afirma que los dos mayores “decisionistas” en la política latinoamericana han sido Fidel Castro y Pinochet, pero naturalmente no quiere decir que ellos (ni sus asesores) hayan conocido la teoría schmittiana de la decisión. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;br /&gt;En un artículo de 1931, publicado en la &lt;em&gt;Revista de Occidente&lt;/em&gt;, Schmitt diagnostica para el siglo XX la marcha hacia el “Estado total”, por oposición al Estado “neutral” del XIX. Podemos acumular citas, pero creo que concordaremos en que, tomado en el conjunto de su obra, no era un pensador liberal. Por cierto que se oponía a la “politización” extrema de la sociedad, que implica considerar a un partido o a una clase enemigos a liquidar. “Despolitización”, en este contexto, significa que en la política interna de un Estado no hay “enemigos”, en el sentido fuerte schmittiano. Imagino que Renato Cristi estará de acuerdo también en que una cosa tal no deja de ser saludable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Saluda atentamente al Señor Director,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;Erwin Robertson&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;*No publicada&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman;font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;font-size:130%;"&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2244383159402765092-5963852016375373045?l=erwinrobertson.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erwinrobertson.blogspot.com/feeds/5963852016375373045/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2244383159402765092&amp;postID=5963852016375373045' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2244383159402765092/posts/default/5963852016375373045'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2244383159402765092/posts/default/5963852016375373045'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erwinrobertson.blogspot.com/2008/06/sobre-las-influencias-del.html' title='Sobre las influencias del  &quot;corporativismo&quot; y de Carl Schmitt en el gobierno militar'/><author><name>Erwin Robertson</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04050929384875287404</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2244383159402765092.post-2160056580567933936</id><published>2007-03-04T13:39:00.000-03:00</published><updated>2007-03-04T13:45:42.794-03:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Artículo'/><title type='text'>De una guerra santa a otra</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="color:#660000;"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;DE UNA GUERRA SANTA A OTRA&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Erwin Robertson&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Este texto fue enviado en octubre de 2001 al suplemento  “Artes y Letras” de&lt;/em&gt; El Mercurio, &lt;em&gt;como parte de un intercambio polémico con Pablo Ruíz-Tagle, a partir de sus juicios sobre el nacismo chileno y el nacional-socialismo alemán (cf. mi artículo del 30 de septiembre,”Del nazismo y otras cosas”). Por alguna razón,&lt;/em&gt; El Mercurio &lt;em&gt;decidió dejar al futuro candidato a Contralor General de la República con la última palabra, y mi texto no fue publicado. Mas, si el lector confronta las piezas de este intercambio, podrá juzgar la pertinencia de los argumentos de una y otra parte (N. del A.).&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;            Enfrentada al mundo de las ideas, la hermenéutica debe proceder con especial delicadeza; con más “espíritu de fineza” que “espíritu de geometría”. No reducir la diversidad de los fenómenos a la unidad simple; menos aún “denunciar”, sino procurar comprender el fenómeno en sí mismo –independientemente de que nos guste o no. Por cierto, los argumentos ad hominem no ayudan demasiado a la comprensión. Mucho de esto –es decir, de una hermenéutica inapropiada- ha podido verse de parte de Pablo Ruíz-Tagle en la polémica sostenida en estas páginas. En lo que sigue, dejaré de lado la cuestión de las actuales perspectivas del nazismo en Chile –promisorias, según Ruíz-Tagle-, limitándome a observar que los síntomas que advierte no son del todo congruentes con su pronóstico. De mayor interés para los lectores me parece, en cambio, el tema del Movimiento Nacional Socialista (MNS) que existió en nuestro país en los años 30 y que se llamó a sí mismo nacista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Un nacional-socialismo muy particular&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Ha sido un lugar común considerar al MNS como un mero reflejo del NSDAP (el partido nazi alemán); parecería obvio, a juzgar por el nombre, pero el problema no es tan simple. En el último tiempo, la cuestión ha enfrentado polémicamente a dos personalidades que estuvieron ligadas a este movimiento, los dos escritores y ex embajadores: Enrique Zorrilla y Miguel Serrano. El primero subraya el carácter “criollo” y más bien latinoamericano de nuestro nacismo; al segundo complace destacar la identidad del MNS con el modelo alemán. Miguel Serrano ha aducido en particular un testimonio de Carlos Keller, el segundo hombre del MNS, según el cual la idea de la fundación del movimiento habría provenido de chileno-alemanes fieles a ese modelo. Como haya sido, no obstante, lo que cuenta a la larga es lo que el MNS llegó a ser, en su pensamiento –expresado en sus textos- y en su práxis política. Así, historiadores más comprensivos, como Mario Góngora y Gonzalo Vial, han situado al nacismo en el contexto de su generación, señalando los rasgos comunes que tiene con la juventud católica y el socialismo de la época (Góngora, “Libertad política y concepto económico de gobierno hacia 1915-1935”, en &lt;em&gt;Historia&lt;/em&gt; N° 20, 1985; Vial, “El pensamiento social de Jaime Eyzaguirre”, en &lt;em&gt;Dimensión Histórica de Chile&lt;/em&gt; N° 3, 1986). Es claro que en el MNS se advierten influencias del nacional-socialismo alemán y, genéricamente, del fascismo –después de todo, esto es normal tratándose de ideologías mundiales, tal como hemos convenido con Ruíz-Tagle. Mas, como ha señalado Rodrigo Alliende, sobrino del Jefe Jorge González von Marées, éste no había leído el &lt;em&gt;Mein Kampf&lt;/em&gt; y en cambio estaba muy marcado por Oswald Spengler.  Carlos Keller, por su parte, parece haber conocido en Alemania al autor de la &lt;em&gt;Decadencia de Occidente&lt;/em&gt;; en la revista doctrinal &lt;em&gt;Acción Chilena&lt;/em&gt; cita a numerosos autores alemanes, no sólo nacional-socialistas, sino también representantes de la corriente denominada “Revolución Conservadora” (corriente que en parte fue absorbida por el nacional-socialismo triunfante y en parte rechazada; algunos de sus miembros estuvieron contra Hitler, aun en el atentado de 1944).&lt;br /&gt;            En particular -ya se ha señalado-, algunos aspectos conspicuos del nacional-socialismo alemán, como la teoría racista, estuvieron ausentes en el MNS; es absurdo pretender ahora hacer de éste un movimiento racista… indigenista. A la vez, se encuentran en él otros rasgos: p. ej., una visión de la historia patria derivada de la de Edwards y Encina –lo que, desde luego, no hace de éstos ni “nazis” ni “nacistas”-, una reivindicación del pueblo que lo acerca a la izquierda o la crítica a la llamada en la época “oligarquía” (la clase político-agraria-comercial dominante). González recordaría como el principal logro de su vida parlamentaria (1937-45) el haber contribuído a establecer el primer impuesto especial a las compañías extractoras del cobre chileno. Hacia 1938 se advierte en el MNS –expecialmente en González- una radicalización en sentido izquierdista; por cierto, no explica nada compararlo con Gregor (no Georg) Strasser y los “nazis de izquierda”. Esta evolución izquierdizante culmina con la transformación del MNS en Vanguardia Popular Socialista (VPS) y la colaboración fugaz con el gobierno del Frente Popular, después de la sangrienta represión que habían sufrido los nacistas en el Seguro Obrero (1938). Finalmente, en 1941 la VPS se extingue para  dar vida a la Unión Nacionalista, dirigida por Juan Gómez Millas, posterior rector de la Universidad de Chile y ministro de Estado. La identidad nacista se diluye así en un nacionalismo más genérico. Sin embargo, algunos nacistas se dispersaron por diversos partidos políticos -¡claro que no hay que ver en ello un maquiavélico intento de “infiltración”! Vale la pena señalar que en el primer gabinete de Salvador Allende figuró como ministro el antiguo nacista Oscar Jiménez Pinochet, uno de los organizadores del abortado “putsch” del Seguro Obrero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Sacando lecciones del pasado&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;            Jorge González, Gómez Millas y muchas otras personalidades –entre ellas, Ernesto Barros Jarpa, ministro de Relaciones Exteriores- se encontraron después en la defensa de la neutralidad de Chile, en contra de las presiones de EE.UU. para arrastrarlo a la 2ª. guerra mundial o, por lo menos, a la ruptura con Alemania –estamos de acuerdo en que esto no hace de ellos “agentes nazis”. Todos esos chilenos pensaban que era de interés de Chile no seguir incondicionalmente a EE.UU. Sería natural que hubiesen actuado al mismo tiempo agentes del Estado alemán, obviamente en sentido favorable a su país, pero de éstos no me he ocupado. En todo caso, los agentes nazis pertenecen al pasado. Las influencias norteamericanas, en cambio, permanecieron. No nos hemos preguntado si se justificó realmente que entonces Chile fijara el precio de su cobre como una contribución a la causa de los Aliados. La disciplina con que América Latina siguió a EE.UU. en la coyuntura de la guerra mundial cobra actualidad cuando la potencia del norte predica una nueva “cruzada”, contra el más reciente avatar del Mal en este mundo. Pues, desgraciadamente, se ha visto más de una vez que el Bien que EE.UU. pretende encarnar coincide demasiado con sus propios intereses políticos y económicos. En una situación tal, Ruíz-Tagle, que se asigna a sí mismo la misión de denunciar el Mal en la engañosa variedad de sus manifestaciones, confunde los frentes y no contribuye a los análisis lúcidos que se requiere. Principal deber del hombre de pensamiento es la mantención del sentido de las distinciones y de su libertad de juicio. Ante la terrorífica movilización de poder militar, político y mediático a que asistimos, ello es lo poco que nos queda.§ &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2244383159402765092-2160056580567933936?l=erwinrobertson.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erwinrobertson.blogspot.com/feeds/2160056580567933936/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2244383159402765092&amp;postID=2160056580567933936' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2244383159402765092/posts/default/2160056580567933936'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2244383159402765092/posts/default/2160056580567933936'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erwinrobertson.blogspot.com/2007/03/de-una-guerra-santa-otra.html' title='De una guerra santa a otra'/><author><name>Erwin Robertson</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04050929384875287404</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2244383159402765092.post-2469692817485749680</id><published>2007-03-04T13:32:00.000-03:00</published><updated>2007-03-04T13:38:27.672-03:00</updated><title type='text'>Artículo</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#cc0000;"&gt;       &lt;span style="font-size:130%;"&gt;DEL NAZISMO Y OTRAS COSAS&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#cc0000;"&gt;*&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Erwin Robertson&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;   &lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;Q&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;UE el nazismo tenga en Chile un futuro, es un aserto que sin duda sorprenderá a muchos lectores; más de alguno entre ellos, probablemente, ni siquiera se había enterado de que tuviese en nuestro país un presente o aun un pasado. Pero lo primero es lo que sostiene Pablo Ruíz-Tagle ("El futuro del nazismo chileno'', Artes y Letras, 16 de septiembre). Dada  la explicable alarma del público,  intentaremos en consecuencia por nuestra parte hacer un poco de claridad en lo que –creemos- sólo es una lamentable confusión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            &lt;/span&gt;&lt;strong&gt;Haciendo distinciones&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;            Un observador prudente debería distinguir, para comenzar, entre una posición ideológica (el nazismo) y la admiración que en Chile, como en otras naciones, despertó la Alemania que desde fines del siglo XIX aparecía, pujante, a la cabeza de la cultura y del progreso material. No es casualidad que los profesores alemanes del Instituto Pedagógico y los instructores de igual nacionalidad en la Escuela Militar hayan llegado a nuestro país en la misma época.  Tampoco sorprende que este filogermanismo cultural se haya desdoblado en filogermanismo político durante la II Guerra Mundial. Sin llegar a tanto, un respetable Presidente de la República, Juan Antonio Ríos, y su no menos respetable Canciller, Ernesto Barros Jarpa, defendieron todo lo posible la neutralidad chilena en ese conflicto; no por ser "agentes nazis", sino porque estimaron que al país convenía mantener los lazos tradicionales con Alemania. Me temo que en obras como las de Víctor Farías y María Soledad de la Cerda –con Ruíz-Tagle a la zaga- se descuide esta distinción.&lt;br /&gt;     Otra cosa es la repercusión de ideologías mundiales, entre las cuales la del nacional-socialismo y del fascismo se hizo sentir en Chile, como ya antes y en mayor grado,  la del marxismo, del anarquismo y, por cierto, del liberalismo. Haciendo suya la lógica del racismo nazi, Ruíz-Tagle cuestiona que una ideología "aria" haya podido prender en un medio "sudaca". Mas no siempre las adaptaciones de una ideología mundial a realidades locales diversas han sido felices. Hegel consideraba que el liberalismo no podía arraigar bien en las naciones latinas y católicas; menos aún en las repúblicas sudamericanas, basadas –pensaba- en el solo poder militar. En cuanto a Marx, sin duda se hubiera sentido desconcertado de saber que los núcleos principales de sus seguidores iban a estar en dos naciones campesinas, muy alejadas en su momento del desarrollo industrial capitalista. Siendo así, se puede disculpar la cierta desmesura que puede haber habido en las adaptaciones latinoamericanas del fascismo y del nazismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;¿Nazismo en Chile?&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;     Algunas disquisiciones mías han provocado molestias estomacales a Ruíz-Tagle. Se refiere, creo (ya que cita, sin nombrarlo, parte de las conclusiones), a un viejo trabajo sobre "Las ideas nacional-socialistas en Chile, 1932-1938". En él se concluía que, pese al nombre (políticamente desafortunado, si se quiere), el Movimiento Nacional Socialista (nacista) que existió en nuestro país –y que fue ahogado en sangre en la "Torre del Seguro Obrero"- era independiente de su cuasi-homónimo alemán. En cierto sentido más afín ideológicamente al fascismo, en el nacismo chileno estaba conspicuamente ausente el tema del racismo; no que "su" racismo fuese "distinto del concepto «ario»", como afecta creer Ruíz-Tagle. Pues, entre otras singularidades  del movimiento chileno, se encuentra el haber buscado su lugar entre las izquierdas y contribuído al triunfo del Frente Popular en 1938. Caso único sin duda para un movimiento pretendidamente "fascista".&lt;br /&gt;     Si el más serio movimiento "fascista" –ya que no "nazi"- en Chile terminó en 1938 y si sus supuestos o declarados actuales sucesores no tienen, reconocidamente, excesiva gravitación política; si, por otra parte, el Tercer Reich desapareció en 1945 y con él, obviamente, sus agentes; si, en fin, el antiguo filogermanismo ha sido reemplazado por un moderno filonorteamericanismo de bastante menor vuelo cultural pero más comprometedor políticamente; si es así, ¿qué futuro queda para el nazismo en Chile? Ah, nos dice Ruíz-Tagle, es que de lo que se trata es de las perversas enseñanzas de historiadores como Francisco Antonio Encina o Alberto Edwards; de la segregación urbana, del casco puntiagudo de la Escuela Militar, del engreimiento frente a países vecinos, de la pauperización de la clase media y del sistema electoral vigente. Pues, sí, todo esto es el caldo de cultivo del nazismo chileno y le augura, por tanto, larga vida.&lt;br /&gt;     Ruíz-Tagle bromea. Admitamos que se pueda llamar "nazismo" a aquello que nos disgusta. Admitamos aun que se pueda llamar así a lo que hay de disgustante en la sociedad chilena. Mas, ¿qué queda entonces de ese movimiento cuya grandeza interna, según Heidegger, consistía en el encuentro entre la técnica planetariamente determinada y el hombre moderno? ¿O que, según Nolte, constituía uno de los dos bandos –el otro era el bolchevismo- en la guerra civil europea y mundial de 1917 a 1945? Y si las más recientes manifestaciones de la Maldad sistemática –por muy fragmentarias, incompletas o "a la chilena" que se pretenda sean- no pasan del esnobismo urbano o del mecanismo electoral que contribuye a los equilibrios políticos vigentes desde 1990, ¿no nos encontramos, después de un título que se quiere estremecedor, con el tradicional parto de los montes?&lt;br /&gt;     Si Ruíz-Tagle quería contribuir a la crítica de la sociedad chilena, denunciando sus males, tenía mucho que decir. Elegir entre estos males a un presunto "nazismo" es hoy un recurso harto cómodo,  tanto más cuanto esta denuncia no responde a ningún peligro real y quien la esgrime no se expone a ninguna represalia, ni siquiera a una réplica más o menos fuerte. Así lo reconoce implícitamente nuestro autor,  cuando decide dejar de lado los interminables listados de nazis de Farías y de De la Cerda y quedarse con el testimonio de la señora Klein; la que, sin embargo –admite con algo de desasosiego- no advirtió ningún rastro de nazismo en Chile.&lt;br /&gt;     Podría Ruíz-Tagle desarrollar polémicamente algunos temas insinuados en su artículo; por ejemplo, los de la exclusión ideológica o de la pauperización de la clase media -como efecto de la globalización. ¿Y por qué no –mejor aún- polemizar sobre el conformismo que sume a los ciudadanos en la plácida contemplación del propio ombligo mientras su conciencia es mediáticamente determinada? Ése es un riesgo que vale la pena correr.§&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* &lt;span style="font-size:85%;"&gt;Este artículo fue publicado en &lt;em&gt;El Mercurio&lt;/em&gt; de Santiago  del 30 de septiembre de 2001, suplemento “Artes y Letras”, pág. E 15. El editor del suplemento puso los epígrafes “Ideología. Respuesta a un artículo” y “El director de la revista &lt;em&gt;Ciudad de los Césares&lt;/em&gt; cuestiona algunos de los asertos de Pablo Ruíz-Tagle en torno al nazismo en Chile”. Los subtítulos son también del diario (N. del A.).&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2244383159402765092-2469692817485749680?l=erwinrobertson.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://erwinrobertson.blogspot.com/feeds/2469692817485749680/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2244383159402765092&amp;postID=2469692817485749680' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2244383159402765092/posts/default/2469692817485749680'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2244383159402765092/posts/default/2469692817485749680'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://erwinrobertson.blogspot.com/2007/03/artculo.html' title='Artículo'/><author><name>Erwin Robertson</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04050929384875287404</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>6</thr:total></entry></feed>
